Morisqueta: arroz blanco al estilo de la costa de Michoacán
El arroz blanco de todos los días en Lázaro Cárdenas: solo arroz y agua, una medida por dos. Parece lo más sencillo del mundo, pero tiene su truco: lavarlo y remojarlo bien, una olla gruesa y saber cuándo bajar la flama. Se sirve con frijoles caldositos, crema, queso y salsa macha Las Peñitas.
Aquí en la costa de Michoacán, en Lázaro Cárdenas, al arroz blanco le decimos morisqueta. Es de lo más sencillo del mundo: solo arroz y agua, una medida de arroz por dos de agua. Y aun así no a cualquiera le sale bien: o queda aguado y batido, o se pega y se quema en el fondo.
La diferencia está en tres cosas: lavarlo y remojarlo bien, usar una olla gruesa y saber cuándo bajar la flama. Así lo hacemos en casa.
Lava y remoja el arroz
Pon el arroz en un recipiente con agua y dale una primera lavada rápida, moviéndolo con la mano. Escurre el agua.
Sobre todo si no sabemos de dónde viene el arroz y se ve muy polvoso, vale la pena lavarlo con calma.
Cúbrelo otra vez con agua y déjalo remojar de 15 a 20 minutos. Así suelta la mayor cantidad de almidón y de suciedad, y gastas menos agua que enjuagándolo bajo el chorro.
Escurre, vuelve a echarle agua, enjuaga y escurre de nuevo. Repite hasta que el agua salga casi limpia y escúrrelo muy bien.
Cuécelo
Pasa el arroz escurrido a una cacerola o cazuela gruesa, de aluminio o de acero inoxidable grueso. Agrega el agua medida: el doble que de arroz.
Ponla a fuego alto, lo más alto que dé tu estufa, y deja que hierva.
Al hervir, el agua se pone blanquita con el almidón que suelta el arroz y empieza a subir como espuma. Cuando parezca que se va a desbordar de la olla, baja a fuego medio.
Déjalo a fuego medio hasta que se haya evaporado la mayor parte del agua y ya casi no se vea líquido entre el arroz. Entonces baja la flama al mínimo.
A fuego mínimo, solo queda esperar a que quede a tu gusto. No lo medimos por tiempo: lo vamos revisando. Mete una cuchara o un cuchillo hasta el fondo, como cuando revisas un pan o un pastel, y fíjate qué tan limpio sale. Si todavía sale con agua, dale unos minutos más.
Reposa y sirve
Cuando el arroz esté listo, apaga y déjalo enfriar un poco antes de servir. Dicen que entre más caliente está el arroz, más se siente el almidón; reposado unos minutos queda más suelto. Igual, es a gusto de cada quien.
Sírvelo con frijoles guisados un poco caldosos, para que el arroz se impregne bien del caldito. Encima, crema natural, crema pasteurizada o jocoque, y queso seco, queso fresco o requesón, como más te guste.
Y no puede faltar la salsa macha Las Peñitas en la mesa.
Va con casi todo: la morisqueta acompaña prácticamente cualquier guiso, como carne de puerco guisada o solo frita, chorizo, bistec o mole. Aquí la dejamos sencilla y tradicional, para que la prepares como base de tus comidas y la combines con cualquiera de nuestras salsas.

Salsa recomendada
Clásica
La de casa para el arroz con frijoles: tostada y con picor medio-alto.
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Salsa recomendada
Mango-Habanero
Para quien quiere más picor: el habanero contrasta con la crema y el queso.
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Salsa recomendada
Arándano y Nuez Pecana
Picor bajo: para los niños o para quien solo quiere el sabor de la macha.
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Las salsas que la acompañan.

Salsa recomendada
Clásica
Una combinación equilibrada de guajillo, chile de árbol, morita, ajo, cacahuate y ajonjolí, preparados previamente deshidratados para concentrar sus aromas. El aceite de oliva integra la mezcla y lleva el picor de forma progresiva: entrada tostada, centro profundo y un final ahumado, seco y persistente.
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Salsa recomendada
Mango-Habanero
Mango preparado y chile habanero se encuentran con chiles, ajo y semillas previamente deshidratados. El aceite de oliva sostiene la fruta y conduce el calor con claridad: entrada tropical, dulzor contenido y un picor alto que permanece.
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Salsa recomendada
Arándano y Nuez Pecana
Arándano y nuez pecana, preparados para conservar su carácter, se integran con tres chiles de picor bajo. El resultado abre con una nota ácido-frutal, pasa por una textura tostada y mantequillosa, y termina limpio, suave y profundamente aromático.
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